martes, 15 de octubre de 2013

CICLISMO METAFÍSICO, O SOBRE UNA HERMENÉUTICA DE LA MOVILIDAD


A propósito de la foto que Carol Dunlop tomó a Julio Cortázar en su bici*, por allá en los años 80, me quedé divagando sobre la posibilidad de encontrar un punto común entre la bicicleta y la filosofía, ese lugar donde convergen en una misma idea o cosa-en-sí y se pueda entonces plantear una pregunta sobre la bicicleta que intenta resolverse a la luz de la filosofía o desde la filosofía explicar un asunto de la bicicleta, en fin… Esto ya lo había discutido con mi profesor de tesis y del tema A (Literatura y filosofía) y el tema B (obvio, Bicicleta y Filosofía), nos quedamos con el A y en el B nos dedicamos a pedalear y seguimos adelante. Ahora, ¿Qué es eso de ‘ciclismo metafísico’? ¿Existe alguna cuestión metafísica sobre la bicicleta? Al respecto, las siguiente elucubraciones.

Empecemos con las preguntas. Alfonso Castellanos, ilustre santandereano, diría: “Desde la ciudad de Bucaramanga, alguien que escribió en Google “cómo formular una pregunta metafísica sobre la bicicleta”, nos pregunta”… De entre todas las opciones, motorizadas o no, ¿por qué la bicicleta? Si esta no tiene motor, ¿cuál es entonces ese motor que impulsa nuestras piernas y nos lleva a pedalear? ¿Cuáles los motivos? ¿Cuáles las circunstancias? ¿Cuáles los beneficios? ¿A qué nos exponemos? Si es en bici, ¿Por qué sí? Si no es en bici, ¿Por qué no? ¿Por qué estoy escribiendo esto? No se preocupen, yo sé quién sabe lo que usted no sabe.

Y Alfonso Castellanos también lo sabe. Y nuestros dirigentes también lo saben pero hacen como que no los saben y por ello, estamos como estamos y siguen privilegiando el uso del carro. Las preguntas, por su carácter subjetivo, nos llevan a infinitas conclusiones que, dependiendo de la cuestión, pueden llegar incluso a orientar una estrategia de promoción del uso de la bicicleta como medio alternativo de transporte en una ciudad determinada. ¿Por qué usar la bicicleta en una ciudad como Bucaramanga donde se prohíbe su uso? La respuesta: Podemos entonces preguntar a los 7.500 ciclistas de recreovía, un trabajo de largo aliento. Me quedo mejor con las divagaciones. Pura metafísica.

Sin embargo, son varios los motivos alrededor del uso de la bicicleta, los cuales deberían estimular a más personas a desplazarse en bici y pensar en ella como primer medio de movilidad limpia: la rapidez en los desplazamientos, la reducción de contaminantes, el ahorro de dinero, la salud física y mental, la conservación del medio ambiente, la producción de energía, la capacidad asociativa y conexión con lo cercano, contribuye a la convivencia y comunicación ciudadana, y, en el caso de Bucaramanga, la recreación y el divertimento (estas últimas se pueden tomar como una tendencia en aumento, un tanto distorsionada de lo que verdaderamente es el ciclismo urbano, que ha puesto a la bicicleta de moda y nos hace ocupar el séptimo lugar en cualesquier top 10 de América Latina).

Lo cierto del asunto es que nadie, en esta ciudad, ha dilucidado cuáles son los motivos que rigen las decisiones de las pocas personas que nos hemos acercado a la bicicleta como medio de transporte, y que puede ser clave a la hora de analizar la motivación de los cambios de hábitos en relación al entorno urbano, incluso, definir políticas que se acomoden a esos motivos, para favorecer que las decisiones políticas en torno a la movilidad alternativa se tomen con más seriedad y facilidad. ¡Un momento! ¿Has dicho “decisiones políticas”? Un tema neurálgico. Esta vez, metafísica pura.

¿Por qué nos movemos en bici? Nos movemos en bici por la misma razón por la que preferimos una panorámica completa del camino, sentir el viento antes que pre-fabricarlo, pedalear que ser llevados. Nos movemos en bici porque no hemos sentido otra grata experiencia de la libertad que la de rodar por calles censuradas y no dispuestas para la bicicleta, porque es ella parte de la solución prohibida, porque en una jornada podemos dar la vuelta a la ciudad y al ánimo. Nos movemos en bici porque en esta máquina, soñada en el siglo XV por Leonardo da Vinci, nuestras alas levantan vuelvo. En fin, nos movemos en bici porque somos conscientes de la protección que se le debe procurar a la tierra, porque es una forma saludable de movilidad, porque afortunadamente es un vehículo accesible y de práctico uso. Pedaleamos entre los que conducen. Sobre el asfalto, nos encontramos con quienes creemos en la bicicultura, porque las bicicletas son también catalizadores sociales. Es simple: nos movemos en bicicleta porque no podemos dejar de pedalear**.

Toda esta información, útil en su simple naturaleza, puede establecer un punto de partida y potencializar un trabajo pedagógico que estimule el uso de la bicicleta. La pregunta, otra pregunta sí, es ahora: Si “conocemos” lo que mueve a la gente a usar la bici, ¿será posible multiplicar este conocimiento como antídoto contra aquellos que utilizan otros medios de transporte como el motorizado? Los motivos fueron dichos, el efecto se replica en cada persona que decide usar la bici no sólo de manera recreativa. El planteamiento es tan valioso como el producto y que esto sirva para justificar, nuevamente, la necesidad de privilegiar la movilidad alternativa.

Y, bueno, sí. Esto no es metafísica.

* Foto al final de la elucubración.


** Tomado de un texto de mi autoría en una anterior publicación.

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