martes, 29 de julio de 2014

LA LEGENDARIA BICI

Me permito por primera vez compartir un texto que no es mío, todo a propósito de la #RodadaDeLuna de julio de Mujeres Bici-bles en la cual cuatro personas, incluyendo a una chica de la colectiva, decidieron pedalear desnudos en consecuencia de la libre expresión. El cuerpo desnudo atrae las miradas, llama la atención y provoca reacciones a favor y en contra. Es el cuerpo y la bicicleta pidiendo reconocimiento en las vías. Es el cuerpo y la bicicleta llamando la atención que necesitamos los ciclistas para ser protegidos en las vías. ¿Qué hay subido a la bicicleta que desconocen -cierran -pitan -roban -morbosean -ofenden -insultan -gritan y trasgreden? Un ser humano. Como quien va tras el volante, como quien maneja la moto, como quien se mueve en Metrolínea.



LA LEGENDARIA BICI

Por: William Kqa

“Cuando veo a un adulto en una bicicleta, no pierdo las esperanzas por el futuro de la raza humana”.
(H.G. Wells)

Andar sobre dos ruedas, disfrutar del paisaje, reencontrarse con el pueblo y acaso con nuestro propio cuerpo. La humilde bicicleta -tal como la conocemos- comenzó a rodar por el mundo casi en paralelo con la Revolución Industrial. Ahora, es esta sencilla máquina, la que con modestia y coraje, lucha para liberarnos de algunos desvaríos tecnológicos que vienen calentado el planeta más allá de lo soportable.

Aquí, un grito en defensa de ella, de las ciudades, de nosotros mismos. Tras ser un vehículo muy útil, e instituirse como un medio de transporte bueno, bonito y barato, es además subversiva. Frente a la aplastante amenaza de los carros, raudos e insensatos, ponen la nota discordante, anti-sistema, radical. Se oponen al calentamiento global, a la obsesión por el petróleo, a la degradación de los ciudadanos y las ciudades. Puede decirse, por eso, que quizás la bicicleta constituye el punto de equilibrio entre la fuerza humana y la tecnología. Una escena vívida que revela cómo las dos ruedas de tracción humana son capaces de derrotar, de la manera más clamorosa, a las máquinas tragonas de combustible fósil o gas, se puede vivir casi cualquier día frente a un atolladero de carros.



Mientras crece la impotencia, el ceño fruncido de los choferes, uno pasa triunfal, orgulloso de haber vencido con su bici el problema. El antropólogo francés Marc Augé da pistas para entender esa sensación de victoria natural. “La bicicleta -dice- es un objeto pequeño, incorporado y no un espacio habitado como el automóvil”.

Los carros encierran a la gente, la malhumoran, la vuelven impotente cuando surge algo tan estúpido como un atolladero, frente al cual el hombre del volante no puede hacer nada, más allá de mandar todo al carajo inútilmente. En el mundo existen, actualmente, alrededor de ochocientas millones de bicis, quizás el doble que de autos. Su contribución al cambio climático, en cambio, es mínima o nula (salvo que se tengan en cuenta los gases de efecto invernadero que emiten las fábricas que las producen). Una suerte de movimiento mundial comienza a emerger detrás de su resurgimiento, con ánimos de sacudir realmente el tablero global.

Los países en los que más se usa la bicicleta son Dinamarca, Holanda, Alemania, Suecia, Italia y España. En América Latina, México y Colombia lideran la revolución bicicletera. Todo lo cual evidencia que el movimiento ciclístico mundial comienza a gravitar en la política y los movimientos sociales. Lenta y suavemente, aun cuando la clase política mundial parece tardar en darse cuenta del enorme simbolismo de la bici. Numerosas leyes en varios países han recogido el impacto de esta suerte de avanzada mundial en defensa de las bicis, pero sobre todo en aras de un aire más limpio. El uso de esta máquina prodigiosa ya forma parte de la agenda política ambientalista y podría tener una fuerza suficiente para seguir transformando ciudades.




Entretanto, la bicicleta, la humilde bici, continúa su batalla. Ya no solitaria y olvidada, sino ahora algo más masiva e intrépida. Tiene nexos con la política y las leyes y va calando lentamente en el corazón ciudadano, tan cansado de vivir en jaulas de cemento inhumanas. El modesto aparatito está propiciando una revolución ya no tan silenciosa. Está gritando, desde su humildad, que el mundo puede ser recorrido de otra manera. 

EMANCIPACIÓN FEMENINA: BICICLETAS PARA LA LIBERTAD

Dejadme que os diga lo que opino del ciclismo. Creo que ha hecho más por la emancipación de la mujer que ninguna otra cosa en el mundo. La bicicleta le da a la mujer una sensación de libertad y autoconfianza. Yo me congratulo cada vez que veo a una mujer montada en bicicleta…. la femeneidad libre y sin ataduras.
Susan B. Anthony


Hacia la década de 1890 la bicicleta había alcanzado su más alta popularidad en las sociedades estadounidenses y europeas y con plena facilidad se veían ciclistas en las vías. Cientos de fabricantes se beneficiaron de este auge y continuaban rediseñando las propuestas originales de sus antecesores. Una euforia ciclística que, sin duda, sacudió los cimientos económicos, sociales y hasta configuró una nueva mujer.


La bicicleta, en 1890, también tuvo una importante función en la vida de las mujeres: representó la necesidad de cambios sociales, la lucha de las mujeres por el derecho al voto y tuvo una fuerte incidencia en la historia de la emancipación femenina, por ser el primer vehículo al que accedieron las mujeres y que, además, proporcionaba una libertad de movimiento mayor que cualesquiera otras formas de transporte.

Sin embargo, no fue nada fácil para las mujeres de la época usar la bicicleta por varias razones. Además de ser ridiculizadas y señaladas por una sociedad machista por usarla, también se llegó a creer que usarla podía causar daños físicos, como esterilización, menstruaciones dolorosas, caída del útero y hasta aborto y, morales, porque “inducía a la depravación por generar excitación sexual”[1] y perjudicar la unidad familiar al permitir que una mujer desertara del hogar, se moviera por su cuenta y se resistiera a esa aparente condena al sedentarismo.


 No obstante, un evento determinante para el uso de la bicicleta fue su evolución tecnológica, especialmente el desarrollo de la cadena y la implementación de llantas de igual tamaño para disminuir el esfuerzo del pedaleo. Esta transformación en el diseño le dio a la bicicleta mayor seguridad de circulación y un diseño más rápido, estable y que, hoy día, es la base para el diseño de bicicletas. Por supuesto, estos cambios allanaron el camino para permitir el acceso total a una bicicleta, incluyendo a las mujeres.

La bicicleta, entonces, permitió a las mujeres conquistar la autonomía necesaria para viajar libres, sin depender de un compañero, alcanzar distancias mayores a las de su localidad, conocer otros paisajes, tener conocimiento de su cuerpo y apoderarse de la bici como una herramienta de alto poder personal y político.

“The new woman”[2], la nueva mujer, así se conoció a la mujer moderna, quien rompió con las convenciones de trabajo fuera del hogar, evitó el papel tradicional de esposa y madre, y se hizo políticamente activa. Ella, entonces, se vio en igualdad con los hombres y la bicicleta le ayudó a afirmarse a sí misma como tal.

En 1894, Annie Cohen, una mujer inmigrante judía lituaniana con tres hijos, “fue la primera mujer en recorrer el mundo en su bici y, en ese periplo, ganar 10 mil dólares”[3]. Dos años más tarde, Susan B. Anthony, líder feminista norteamericana y también ciclista urbana, dijo en una entrevista para el NewYork Sunday World: “la bicicleta es el objeto que más ha contribuido a la emancipación de la mujer que otra cosa en el mundo. Le da a la mujer la sensación de libertad y seguridad en sí misma. Cada vez que veo una mujer manejando una bicicleta me alegro, porque es la imagen de la libertad”[4].


 Sin embargo, el desafío social que provocó el uso de la bicicleta como medio de transporte también implicó un cambio en la vestimenta de las mujeres, por ser incómoda para el pedaleo. La ropa apretada, los corsé, las largas y pesadas faldas victorianas puestas sobre enaguas o aros, las camisas de manga larga con cuello alto que entorpecían el movimiento no encontraron lugar en los cuerpos de estas nuevas mujeres.


El ciclismo requirió repensar la ropa de las mujeres a una forma más práctica y racional de vestuario y rápidamente toda esa ropa opresiva fue reemplazada por pantalones-pollera o “bloomer”, se liberaron del corsé, algunas dejaron atrás los vestidos y llegaron a usar ropa de hombre, todo con el objetivo de encontrar los atuendos apropiados para la movilidad de su cuerpo. Esto, sin embargo, no era una simple cuestión de cambio de indumentaria; también desafió las normas tradicionales de género y las percepciones de la feminidad y cambió para siempre la percepción pública de la conducta femenina: en esa reforma de la vestimenta para el ciclismo las mujeres también podían mantener y mejorar su feminidad sobre una bicicleta.

Así fue como esa nueva mujer, con cambios en su indumentaria, con la posibilidad de recorrer grandes distancias en bicicleta y de encontrar otras opciones de vida, se vieron como igual ante los hombres, transformaron los roles de ellas en la sociedad y provocaron, en el escenario público, un verdadero desafío social y un compromiso con sus derechos.



La bicicleta, entonces, fue el vehículo de cambio y de transformación para las mujeres y, por encima de toda la vulnerabilidad en sus derechos políticos, económicos y sociales de la época, alcanzaron la emancipación subidas en una bicicleta. María Pognon, presidenta de la Liga Francesa de Derechos de la Mujer, afirmó que “la bicicleta era un instrumento igualitario y nivelador que ayuda a liberar a las mujeres”[5]. Y decía su compañera de lucha, Elizabeth Stanton, “las mujeres viajamos, pedaleando, hacia el derecho de voto”[6].

En el libro, A wheel within a wheel: how I learned to ride the bicycle, publicado en 1885 en Estados Unidos, la sufragista Frances Willard y defensora de los derechos igualitarios de la mujer invitó a las mujeres de la época a superar las barreras sociales y a hacer de todo, “Do everything”[7], como lo señalaba su famoso slogan. Las motivó, entonces, a que se involucraran con prácticas que desafiaron el modelo de los roles de la mujer y a usar la bicicleta como una manifestación política de libertad.


  
Así, los cambios sociales provocados por la bicicleta, no solo se limitaron a transformar la moda femenina. Una mujer en una bicicleta ya no dependía de un hombre para movilizarse; ganó movilidad física, amplió sus horizontes, experimentó un nuevo sentido de libertad de movimiento, nueva emoción física gracias a las velocidades que alcanzaba. La bicicleta permitió una paridad con los hombres y muchas mujeres de la época llegaron a considerarla como una máquina para la libertad.

En Bucaramanga, el uso de la bicicleta en las mujeres está promocionado desde la sinergia de una colectividad, específicamente, desde la presencia como movimiento social de la colectiva Mujeres Bici-bles, cuya creación como grupo remonta a diciembre de 2012 y derivó del sentido que tiene la bicicleta para cada una de las mujeres que nos hemos integrado al proceso, el cual nos llevó a encontrarnos y plantear un ejercicio de empoderamiento en asuntos de interés para la ciudad y que involucra especialmente a las mujeres, como también a los hombres. Este proceso parte de una decisión consciente de actuar y participar en la construcción de ciudad en un ámbito tan trascendental hoy como lo es la movilidad, donde la bicicleta, siendo parte de la vida de cada mujer bici-ble, constituye un maravilloso instrumento de libertad para propiciar el goce y ejercicio del derecho a la ciudad en la urbe contemporánea[8].



Igualmente, en las vías de los cuatro municipios (Bucaramanga, Floridablanca, Piedecuesta y Girón), se vive una tensión por la apropiación del espacio público donde el sentido de propiedad privada de los automotores se traslada al sentimiento de dominio de las vías. También adolecemos de ciclorrutas y de una política de movilidad clara y oportuna que visibilice a la bicicleta como otra forma de movilidad que debe sumarse a los derechos y deberes para el tránsito, respetando las normas establecidas para una movilidad segura, respetuosa y cordial.  




[1] SCHETINO, André. A bicicleta, o ciclismo e as mulheresnatransição dos séculos XIX e XX. En: Revista de Estudios Femeninos Universidade Federal do Rio de Janeiro. Vol.17, 2009, p. 118.
[2] ZHEUTLIN, Peter. Women on Wheels: The Bicycle and the Women’s Movement of the 1890s. [En línea].  < http://www.annielondonderry.com/womenWheels.html > [citado 21 de mayo de 2014].
[3] MONTESINOS, Susana. La primera mujer en dar la vuelta al mundo en bicicleta. [En línea].  <http://diarioenbicicleta.wordpress.com/2009/07/09/la-primera-mujer-en-dar-la-vuelta-al-mundo-en-bicicleta/> [citado 21 de mayo de 2014].
[4] MORUA MARTÍNEZ, Ernesto. Algunas notas sobre los inicios de las mujeres en bicicleta. [En línea].  <http://indicespoliticos.blogspot.com/2013/02/algunas-notas-sobre-los-inicios-de-las.html> [citado 21 de mayo de 2014].
[5] SCHETINO, André. Op. cit., p 112.
[6] GALEANO, Eduardo. Los hijos de los días. “Julio 19”. Buenos Aires: Siglo XXI, 2012. p. 84.
[7] WILLARD, Frances. A wheel within a wheel: how I learned to ride the bicycle. New york: Fleming H Revell Company, 1885. p. 80.
[8] ENTREVISTA con Andrea María Navarrete, coordinadora Mujeres Bici-bles. Bucaramanga, 20 d mayo de 2014. En: Diario ADN Bucaramanga, p. 15.

jueves, 17 de julio de 2014

GENEALOGÍA DEL BÍPEDO RODANTE

La primera rodada por la fuerza de la autopropulsión configuró en mí una nueva anatomía. Articuló, en ese sencillo sistema de rotación por la acción del cuerpo, un híbrido de dos elementos de naturalezas opuestas, mujer y bicicleta, un ente que aparece como una excepción para las formas de movilidad, en un contexto donde esta unión era también un punto de excepción y también un punto de fuga… La bicicleta y el cuerpo componen un oxímoron, el bípedo rodante.

Constituido el híbrido, y por trece años, el proceso se ha revertido: el híbrido ha dejado de ser el lugar de los desencuentros con los paisajes urbanos y esta fusión lucha por transformarse en un lugar común. Empecé entonces mi crecimiento como organismo vivo, el proceso de reincorporación a un ecosistema que se resiste a la presencia de seres en bicicleta. Un pedaleo libre por la ciudad, en una exploración que me envuelve en su geografía y me permite habitar el ecosistema urbano; soy un andrógino de la velocidad: una velocidad que ha recuperado todo esfuerzo humano y ha superado lo que el automóvil no pudo: sentir el movimiento hecho carne.

Fortalezco también mi presencia con la sinergia de otros como yo. De esos encuentros entre bípedos rodantes se materializaron iniciativas ciudadanas, movimientos sociales, colectivos que defienden y animan la presencia de más como nosotros en las vías. Primero en Ciclaramanga con el ciclismo recreativo y la institucionalización de los ciclopaseos un jueves y un domingo del mes y también la bandera para mostrar en Findeter por ser Bucaramanga una ciudad emergente con proyección sostenible (!). Luego Mujeres Bici-bles con el ciclismo urbano, provocando que más chicas, sin importar la edad, se suban a la bicicleta y también poniendo sobre la mesa, la mesa del alcalde, de la dirección de tránsito, la mesa del ciudadano común y demás comensales asuntos propios de una ciudad fatigada en su humo, estática en su caos vial e indiferente a una forma de movilidad que no solo es recreativa y deportiva, sino también urbana.

Converge toda esta praxis y acciones reales pro-bici urbana también en este esfuerzo individual y personal para ampliar la comprensión de una forma de organización no jerárquica, ese sistema de correspondencias de una tecnología revolucionaria que no se agota ni en su evolución, ni en su presencia en las vías y que, gracias a la filosofía, tampoco se agota en su discurso.


Pedaleo, entonces, con un evidente problema frente a mi ojos, el de la movilidad alternativa en bicicleta, que no sólo se suple con la acción física del bípedo rodante, solo o en colectivo, sino que también me di cuenta que tenía que afrontar ese problema desde un ámbito más reflexivo, como el filosófico, que me permitiera salirme del objeto y observar su naturaleza. Llegué al punto en el cual me encontré con la necesidad de explorar teóricamente un problema hasta entonces práctico y en el transcurso de esa exploración observar incluso la reformulación del mismo: la movilidad posibilitada por el flujo de la hibridación, en contradicción con la inmovilidad sustentada en el discurso prohibitivo.