jueves, 17 de julio de 2014

GENEALOGÍA DEL BÍPEDO RODANTE

La primera rodada por la fuerza de la autopropulsión configuró en mí una nueva anatomía. Articuló, en ese sencillo sistema de rotación por la acción del cuerpo, un híbrido de dos elementos de naturalezas opuestas, mujer y bicicleta, un ente que aparece como una excepción para las formas de movilidad, en un contexto donde esta unión era también un punto de excepción y también un punto de fuga… La bicicleta y el cuerpo componen un oxímoron, el bípedo rodante.

Constituido el híbrido, y por trece años, el proceso se ha revertido: el híbrido ha dejado de ser el lugar de los desencuentros con los paisajes urbanos y esta fusión lucha por transformarse en un lugar común. Empecé entonces mi crecimiento como organismo vivo, el proceso de reincorporación a un ecosistema que se resiste a la presencia de seres en bicicleta. Un pedaleo libre por la ciudad, en una exploración que me envuelve en su geografía y me permite habitar el ecosistema urbano; soy un andrógino de la velocidad: una velocidad que ha recuperado todo esfuerzo humano y ha superado lo que el automóvil no pudo: sentir el movimiento hecho carne.

Fortalezco también mi presencia con la sinergia de otros como yo. De esos encuentros entre bípedos rodantes se materializaron iniciativas ciudadanas, movimientos sociales, colectivos que defienden y animan la presencia de más como nosotros en las vías. Primero en Ciclaramanga con el ciclismo recreativo y la institucionalización de los ciclopaseos un jueves y un domingo del mes y también la bandera para mostrar en Findeter por ser Bucaramanga una ciudad emergente con proyección sostenible (!). Luego Mujeres Bici-bles con el ciclismo urbano, provocando que más chicas, sin importar la edad, se suban a la bicicleta y también poniendo sobre la mesa, la mesa del alcalde, de la dirección de tránsito, la mesa del ciudadano común y demás comensales asuntos propios de una ciudad fatigada en su humo, estática en su caos vial e indiferente a una forma de movilidad que no solo es recreativa y deportiva, sino también urbana.

Converge toda esta praxis y acciones reales pro-bici urbana también en este esfuerzo individual y personal para ampliar la comprensión de una forma de organización no jerárquica, ese sistema de correspondencias de una tecnología revolucionaria que no se agota ni en su evolución, ni en su presencia en las vías y que, gracias a la filosofía, tampoco se agota en su discurso.


Pedaleo, entonces, con un evidente problema frente a mi ojos, el de la movilidad alternativa en bicicleta, que no sólo se suple con la acción física del bípedo rodante, solo o en colectivo, sino que también me di cuenta que tenía que afrontar ese problema desde un ámbito más reflexivo, como el filosófico, que me permitiera salirme del objeto y observar su naturaleza. Llegué al punto en el cual me encontré con la necesidad de explorar teóricamente un problema hasta entonces práctico y en el transcurso de esa exploración observar incluso la reformulación del mismo: la movilidad posibilitada por el flujo de la hibridación, en contradicción con la inmovilidad sustentada en el discurso prohibitivo.


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