miércoles, 8 de octubre de 2014

FREEDOM STYLE

La relación de las mujeres con la bicicleta es tan antigua como lo es nuestra lucha por la igualdad de género. En efecto, hacia 1890, cuando la bicicleta alcanzaba su más alta popularidad en sociedades norteamericanas y europeas, la bicicleta se convirtió también en el símbolo de lucha para los cambios sociales y la emancipación femenina.

Hoy día, la bicicleta sigue teniendo un papel liberador y emancipador para todas nosotras. Si bien las mujeres hemos conquistado escenarios de igualdad en relación con los hombres, en lo laboral, en la participación política y en la transformación de roles sociales, se siguen evidenciando un “tabú” social, quizás solo pretexto, para el uso de la bicicleta como forma urbana de transporte. Algunas mujeres dicen que fueron sobre-protegidas en sus hogares; otras, que la dicha de tener una bicicleta solo era privilegio para los hermanos mayores, incluso, que la bicicleta va en dirección contraria a los cánones de belleza socialmente impuestos.




“Sí” o “No”, falsos mitos para el uso de la bicicleta

En 2011, el Ministerio de Salud reveló que más del 30% de las mujeres sufre de obesidad, sumado al 67% de la población con exceso de peso. Infortunadamente, la mayoría son mujeres. Y, aunque la bicicleta es una opción para disminuir estos porcentajes, nos encontramos con el primer falso mito a favor de su uso: la sudoración, la cual hace parte de factores estéticos, convertidos en falsos mitos plenamente superados por las más osadas, los cuales pueden afectar la “buena” apariencia: chicas bien peinadas, maquilladas, vestidas, estilizadas e inmaculadas.

La sudoración hace parte de la buena salud de los seres humanos. Un viaje en bicicleta, aunque exige más esfuerzo físico, puede generar tanto sudor como subirse al sistema masivo de transporte, o caminar. Sin embargo, es un falso mito que queda superado cuando se planea el viaje en bicicleta, se selecciona la ropa adecuada y se ubican rutas no tan destapadas que nos protejan del sol. A esto le podemos sumar las infraestructuras de las empresas, instituciones educativas, que disponen de duchas y anaqueles para guardar elementos de aseo.

Finalmente, tiene más sentido sudar mi transpiración, con el viento a mi favor, haciendo ejercicio que fortalecerá mi salud y mi calidad de vida y no sudar mi transpiración mezclada a la de los demás, sedentaria, como sucede en el servicio público.

De acuerdo con una encuesta aplicada en Cali para medir los hábitos de movilidad entre 2001 y 2006, indicó que los hombres usan 5 veces más la bicicleta que las mujeres. En Bucaramanga, aunque no hay un estudio de rigor al respecto y con la planeación de ciudad en contra del uso de la bicicleta, lo que se ve en las calles puede, de alguna manera, interpretarse igual: son más los hombres quienes se desplazan en bicicleta, aunque también hoy día vemos más chicas desplazándose en bicicleta en comparación a 3 años atrás.

Sin embargo, otros factores en contra del uso de la bicicleta contemplamos la nula infraestructura para la movilidad en bicicleta, lo cual no da apertura a espacios “seguros” para transitar y que coarta la decisión política de las mujeres de subirse a una bicicleta. Asimismo, la inseguridad en las calles, el morbo de los conductores y la irresponsabilidad de quienes van al volante son causas que también inhiben a las mujeres a transportarse en bicicleta.

Por estos factores es que hablamos del uso de la bicicleta como una decisión política. Porque sin importar la voluntad de los gobernantes de turno, quienes privilegian sus intereses particulares y no los de una población en ascenso, la de ciclistas urbanos, somos los ciclistas quienes nos lanzamos al ruedo, desarrollamos una tolerancia al riesgo y bajo estrictas medidas de seguridad auto-sugeridas y gestionadas, salimos a pedalear.



Ciclóticas y bici-bles

Y la historia sigue hablando de esto. En todo el mundo existen centenares de colectivas pro-bici, grupos sociales, que dan cuenta de un movimiento emergente para continuar poniendo las cosas en su lugar: la bicicleta sigue siendo nuestra aliada, como también lo fue para nuestras antecesoras.

La colectiva Mujeres Bici-bles, referente como movimiento social en pro de la biciurbana, actúa en dos bandos: primero, somos ejemplo de mujeres empoderadas en nuestra movilidad desde una bicicleta, como una decisión política para el transporte y, segundo, desde todas las actividades de promoción, de información, prácticas e, incluso, de enseñanza en la escuela de ciclismo urbano, para superar los falsos mitos y las irregularidades en la planificación de la ciudad.

Lo primero nos lleva a reivindicar el derecho a la calle, a ser reconocidas y respetadas en el tránsito y a que reconozcan que nuestras necesidades para el desplazamiento deben ser atendidas. Generamos presión social que algún día encontrará su lugar en las voluntades políticas de quienes planean la ciudad. Tenemos una voz que dice, que cuenta, que pedalea y que encuentra más adeptas, porque moverse en bicicleta es también un estilo de vida.

Lo segundo, nos fortalece como líderes sociales; aprendemos sobre transporte y movilidad y todo esto lo ofrecemos para apoyar a otras mujeres para que logren empoderar su vida pedaleando en una bicicleta, porque es una opción saludable, ecológica, política, económica y vital para nosotras y las nuevas generaciones.


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