miércoles, 13 de mayo de 2015

EL SEXISMO EN LAS CAMPAÑAS DE PROMOCIÓN DEL USO DE LA BICICLETA


Las vías ya están lo suficientemente invadidas de actos violentos, son agresivas y ejercen violencia en contra de los seres humanos como para, desde otro tipo de violencia, la sexual, usar campañas sexistas para promover el uso urbano de la bicicleta. Hoy, desde nuestra cuenta en Twitter, @MujeresBicibles, nos presentaron la campaña “Yo tengo las ‘huevas’ para montar en bici”, la cual, con indignación, consideramos sexista. Sin embargo, revisemos el contexto.

Según la wiki, Sexismo, discriminación sexual o discriminación de género, es el prejuicio o discriminación basada en el sexo o género, también se refiere a las condiciones o actitudes que promueven estereotipos de roles sociales establecidos en diferencias sexuales. Las actitudes sexistas se sostienen en creencias y estereotipos tradicionales sobre los distintos roles de género. El término se utiliza habitualmente para referirse a la discriminación de las mujeres […] A menudo el sexismo es asociado con argumentos sobre la supremacía de género.

Así pues, la campaña “Yo tengo las ‘huevas’ para montar en bici”, es sexista porque usa la palabra “huevas” que refieren, de acuerdo con los usos culturales del término, a las gónadas masculinas, para tratar de destacar el valor, la osadía y el coraje que tienen los varones, por tener testículos, sobre las mujeres, quienes evidentemente no los  poseemos.  Es decir, las mujeres, para lograr movilizarnos en bicicleta en Bucaramanga, debemos tener “huevas”, lo cual no atañe al coraje sino a una falsa idea de masculinidad. Esto es sexismo.

Además, no hay necesidad alguna de acudir a otros términos sexuales, “símbolos”, partes del cuerpo de los humanos, o palabras que culturalmente se les ha dado un significado sexista para promover la bicicleta. La bicicleta se promueve desde la tolerancia, desde el desarrollo de una política pública que garantice la seguridad y el tránsito no solo de ciclistas, sino de cualquier actor de la vía. Y la bicicleta, por supuesto, se promueve desde el ejemplo y el uso diario o continuo para las acciones de la vida.

Finalmente, y para destacar lo absurdo de la campaña, no hay nada más frágil y vulnerable que una “hueva”.


UNA AMENAZA CONSTANTE LLAMADA LIBRE PARQUEO

Érika Delgado era bumanguesa y se fue a trabajar a Bogotá. También era ciclista urbana y creía en la movilidad alternativa. Érika, la noche del 12 de mayo, pedaleando, encontró la muerte en plena carrera séptima con 54, arrollada por un bus dual de Transmilenio que la embistió cuando ella intentó seguir su camino pasando por la izquierda de otro bus, que había aparcado en plena vía. Esa escena, aunque fue en otra ciudad, no es ajena a nuestro contexto.

A diario, los y las ciclistas estamos enfrentados a abrirnos paso por la izquierda y no por gusto, sino porque toca. Otra, meternos al andén y vulnerar también la vida de peatones. Sino, cambiar de vehículo, lo cual es contraproducente con la cantidad de carros y motos que diariamente entran a circular y porque estamos convencidos de las bondades del uso urbano de la bici. Conclusión: solo tenemos opciones de alto riesgo, consecuencia de la indiferencia.

En nuestros recorridos vamos encontrando vehículos motorizados mal aparcados, y no solo uno, sino que es una constante durante todo el trayecto. Y es que de un tiempo para acá, las vías son el parqueadero de quienes creen que pueden dejar su medio de transporte justo frente al lugar donde necesitan hacer lo suyo: comer, comprar, pagar, etc., y, aunque eso tiene multa, no parece ser una medida de control y la conciencia ciudadana no les da para darse cuenta del error.

Así pues, la invasión del espacio público por parte de conductores de vehículos motorizados es un fenómeno urbano que sí pone en riesgo a peatones y ciclistas. Y, de paso, intensifica la necesidad de quienes nos movemos en bici, de tener espacios exclusivos en las vías, o de que la ciudad genere condiciones para circular de manera segura, porque todo el tiempo estamos en medio de los carros y en hora pico la situación empeora.

Los y las ciclistas, muchos nos habrán escuchado, como no tenemos bici-carriles ni ciclo-rutas, y sí más de 65 señales que prohíben nuestra circulación, hablamos de compartir la vía, de pacificar el tránsito y exigimos a viva voz y pedaleando nuestro derecho a movernos en bicicleta por la ciudad. Sin embargo, compartir la vía es también un ejercicio de tolerancia por parte de todos;  implica atención de quienes conducen, educación ciudadana y también el desarrollo de una política pública que proteja al ciclista y le permita su tránsito.

Sin ciclo-rutas, sin voluntad política, sin atención, sin prelación, sin educación vial, no hay movilidad con garantías. Y la indiferencia también mata.

lunes, 4 de mayo de 2015

UN RETO DE 30 DÍAS EN BICICLETA

Durante los 30 días de abril varios amorosos y amorosas de la bicicleta nos unimos no solo en Colombia, sino en varios países del mundo, para celebrar la bici, y pedalear todos los días. Fueron 30 días de registro diario, y de toma de datos. Aunque soy ciclista urbana y la bicicleta es mi principal medio de transporte, la novedad de estos 30 días radica justamente en ese registro, las reflexiones cotidianas y en “pensar la foto”. Y, de paso, leer la experiencia de otros, quienes como yo, juiciosamente pedalearon. Hay esperanza.




LOS DATOS

Total kilómetros pedaleados: 409,85 Kms.
Total dinero ahorrado en transporte: $209.000
Total dinero invertido en Metrolínea: Cero.
Total dinero invertido en taxis: $10.200
Total emisiones CO2: Cero.

Un dato interesante. Si hubiese hecho esos recorridos en moto, la cantidad de CO2 en Kg emitido hubiese sido de 49.2. En carro, 69,7 Kg de CO2. Así que pude decirse que, en un mes, le estoy ahorrando esas emisiones a la atmósfera. Un número importante, cuando se trata de cuidar el planeta.

La mayoría del kilometraje lo sumé yendo al trabajo en bici, aunque también hice salidas de entretenimiento, deporte y diversión. También hice mis compras en bici, mis salidas nocturnas en bici y, en general, todos mis recorridos fueron en bicicleta.



LO BUENO DE LOS #30DEB

El año pasado evidencié la experiencia durante los 30 días de abril, en Bucaramanga y 2 biciusuarios en Colombia, incluyéndome. Este año, fuimos 29 personas en Bucaramanga y casi 100 en Colombia, la mayoría mujeres. Así que el aumento es considerable. Además, muchos de ellos y ellas, estoy  segura, tienen a la bici como principal medio de transporte y, en el ejemplo, vamos sumando.

Asimismo, desde el año pasado, ha aumentado la presencia de biciparqueaderos en algunos sitios de la ciudad. La universidad donde trabajo, la Unab, por fortuna, cuenta con 3 y gratuitos. También se han sumado biciparqueaderos en centros comerciales, como La Quinta y Megamall; tiendas para mercar, como Jumbo; restaurantes como El garaje, Opus 27 y Chips & Chips, entre otros. Más de 24 espacios exclusivos para aparcar la bici, al servicio de quienes pedaleamos.

También, vale la pena destacar que este año empecé a usar una bicicleta híbrida urbana para mis desplazamientos en la ciudad, la Vita Comp de Specialized. El rendimiento es mucho mejor para moverse en bici por el pavimento comparado con una bici MTB que, aunque son poderosas, sí se siente la diferencia de desplazamiento por la rugosidad de la superficie típico de una MTB. Las urbanas tienen llanta lisa que le dan un efecto de “vuelo” en el desplazamiento. Otra experiencia de movilidad.

#VitaComp Specialized


LO MALO DE LOS #30DEB

Bucaramanga sigue con sus señales de prohibido circular en bicicleta. Bucaramanga sigue sin reconocer a la bicicleta como un vehículo útil para la movilidad urbana, una buena alternativa para aliviar ese caos que se vive los 365 días del año. Quienes administran la ciudad continúan construyendo para el auto (les recuerdo q, por ej., en 2014 del presupuesto para infraestructura vial, el 96% fue destinado en construcción de vías para parque automotor, 3% para transporte público, 3% para peatón y 0% para ciclorutas), y así vamos.

Además de este panorama desolador, que parece detenido en el tiempo pero que con el paso del tiempo nos perjudica, quiero mencionar otro fenómeno en crecimiento: EL LIBRE PARQUEO. Un fenómeno que no solo perjudica a los peatones, quienes la mayoría de las veces son enviados a caminar sobre la vía, sino también a las biciusuarias y los biciusuarios.

¿Por qué es peligro para alguien que se mueve en bici que los autos se parqueen sobre la vía dispuesta para la movilidad de TODO tipo de vehículo? Fácil, porque cada carro mal parqueadero, generalmente del lado derecho de la vía, expone a que quienes vamos en bici nos desplacemos hacia el centro de la misma, muchas veces casi que ocupando el carril izquierdo, donde carros y motos tienen mayor velocidad. Y eso, ¿a quién importa? A los conductores, no, aunque son susceptible de una infracción. A los peatones, sí, pero parece no importarles porque es justamente en su conducta que se “programa” también el comportamiento de conductores (por ej., los peatones siempre esperan el tránsito de autos antes de cruzar una cebra, cuando es el auto quien debe detenerse). A los y las ciclistas, sí, pero siempre llevamos mantras mentales para que la buena energía nos favorezca, porque no somos escuchados.

¿Y quién controla el libre parqueo? ¿Quién regula a estos infractores? ¿Quién les pide que paguen parqueadero? ¿Quién regula la conducta de quienes no consideran el espacio público como público sino como suyo? Parece que nadie porque, como mencioné al principio, es un fenómeno en ascenso. Las carreras 22, 27, 33, 34, 36, las calles 34 y 36, etc., por solo mencionar unas cuantas direcciones, ya tienen montado su negocio informal de libre parqueo de dar una moneda a quienes cuidan el descuido de unos ciudadanos y unas ciudadanas mal educadas. Gente al volante, ¿en serio no tienen para pagar unas horas de parqueadero? Un llamado a la autoridad, un llamado a la ciudadanía, un llamado a la tolerancia en la vía, un llamado a pacificar la calle.

Y también seguimos viviendo acoso callejero.

Foto tomada de: http://www.vanguardia.com/santander/bucaramanga/240997-aprobacion-del-pot-les-dara-via-libre-a-los-cepos-y-a-las-zonas-de-parq


ALGO SOBRE EL ACOSO CALLEJERO

El año pasado registré en mi reporte de los #30DEB un caso de acoso callejero perpetrado por un motociclista. Pues, un año después, no hemos superado ni como ciudadanos ni ciudadanas, ni con las autoridades competentes quienes deben regular y evitar este tipo de violencia en las vías, me refiero a campañas por parte de Te Veo Bien contra el acoso callejero o desde la misma oficina de Mujer y Equidad de Género de la Gobernación de Santander, la exposición que tenemos las bici-usuarias en nuestra movilidad.

Según el observatorio de Acoso Callejero de Chile, el acoso callejero “son prácticas de connotación sexual ejercidas por una persona desconocida, en espacios públicos o semipúblicos. Estas acciones son unidireccionales, es decir, no son consentidas por la víctima y quien acosa no tiene interés de entablar una comunicación real con la persona agredida”. Las mujeres que pedaleamos, en nuestros desplazamientos, estamos expuestas todos los días a silbidos, miradas morbosas y lascivas, frases subidas de tono, gestos obscenos, piropos, groserías y comentarios sexuales de todo tipo.

En Colombia, existe el proyecto de Ley 112 de 2014 del Senado, por el cual se “crea el tipo penal de acoso sexual en transporte público”, pero se concentra únicamente en dicho transporte y, en Bogotá, consecuencia de ellos, por ejemplo tomaron medidas arbitrarias como establecer vagones preferenciales para mujeres. Sin embargo, este proyecto de ley tipifica una forma de delito, el acoso sexual, pero no el callejero. Asimismo, el artículo 210A del Código Penal Colombiano afirma que “El que en beneficio suyo o de un tercero y valiéndose de su superioridad manifiesta o relaciones de autoridad o de poder, edad, sexo, posición laboral, social, familiar o económica, acose, persiga, hostigue o asedie física o verbalmente, con fines sexuales no consentidos, a otra persona, incurrirá en prisión de uno (1) a tres (3) años”. Pero sigue sin tipificar el acoso callejero, el cual parece no estar regulado como delito en el Código Penal Colombiano.

Así que una mujer que se vea expuesta a acoso callejero, si logra tener las pruebas de lo sucedido, con los datos de quien la agrede, puede quizás hacer uso de la ley 1257 del 2008, “Por la cual se dictan normas de sensibilización, prevención y sanción de formas de violencia y discriminación contra las mujeres, se reforman los Código Penal, de Procedimiento Penal, la Ley 294 de 1996 y se dictan otras disposiciones”. Pero sigue sin tipificarse el acoso callejero.

¿Qué nos queda? Respetar los límites. Insisto, pacificar las vías.



Fotografía tomada de: http://www.emol.com/tendenciasymujer/Noticias/2014/02/02/25254/Surge-grupo-chileno-contra-el-acoso-callejero-y-los-piropos.aspx