miércoles, 13 de mayo de 2015

UNA AMENAZA CONSTANTE LLAMADA LIBRE PARQUEO

Érika Delgado era bumanguesa y se fue a trabajar a Bogotá. También era ciclista urbana y creía en la movilidad alternativa. Érika, la noche del 12 de mayo, pedaleando, encontró la muerte en plena carrera séptima con 54, arrollada por un bus dual de Transmilenio que la embistió cuando ella intentó seguir su camino pasando por la izquierda de otro bus, que había aparcado en plena vía. Esa escena, aunque fue en otra ciudad, no es ajena a nuestro contexto.

A diario, los y las ciclistas estamos enfrentados a abrirnos paso por la izquierda y no por gusto, sino porque toca. Otra, meternos al andén y vulnerar también la vida de peatones. Sino, cambiar de vehículo, lo cual es contraproducente con la cantidad de carros y motos que diariamente entran a circular y porque estamos convencidos de las bondades del uso urbano de la bici. Conclusión: solo tenemos opciones de alto riesgo, consecuencia de la indiferencia.

En nuestros recorridos vamos encontrando vehículos motorizados mal aparcados, y no solo uno, sino que es una constante durante todo el trayecto. Y es que de un tiempo para acá, las vías son el parqueadero de quienes creen que pueden dejar su medio de transporte justo frente al lugar donde necesitan hacer lo suyo: comer, comprar, pagar, etc., y, aunque eso tiene multa, no parece ser una medida de control y la conciencia ciudadana no les da para darse cuenta del error.

Así pues, la invasión del espacio público por parte de conductores de vehículos motorizados es un fenómeno urbano que sí pone en riesgo a peatones y ciclistas. Y, de paso, intensifica la necesidad de quienes nos movemos en bici, de tener espacios exclusivos en las vías, o de que la ciudad genere condiciones para circular de manera segura, porque todo el tiempo estamos en medio de los carros y en hora pico la situación empeora.

Los y las ciclistas, muchos nos habrán escuchado, como no tenemos bici-carriles ni ciclo-rutas, y sí más de 65 señales que prohíben nuestra circulación, hablamos de compartir la vía, de pacificar el tránsito y exigimos a viva voz y pedaleando nuestro derecho a movernos en bicicleta por la ciudad. Sin embargo, compartir la vía es también un ejercicio de tolerancia por parte de todos;  implica atención de quienes conducen, educación ciudadana y también el desarrollo de una política pública que proteja al ciclista y le permita su tránsito.

Sin ciclo-rutas, sin voluntad política, sin atención, sin prelación, sin educación vial, no hay movilidad con garantías. Y la indiferencia también mata.

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