viernes, 10 de julio de 2015

UNA MINA "QUIEBRAPATAS" PARA BICIUSUARIOS Y BICIUSUARIAS

Pedalear por Bucaramanga ya, de plano, tiene sus compliques: sin ciclorrutas, sin infraestructura cicloinclusiva, sin biciparqueaderos públicos, sin garantías, sin política pública, sin voluntad política, sin seguridad vial, sin promoción del ciclismo urbano, por mencionar algunos aspectos que nos dejan sin aliento. 

Sumado a esto, en el ejercicio diario de movilizarse en bici, también es muy probable que un/a usuario/a de la bicicleta se encuentre con una serie de alcantarillas de drenaje en acero o en cemento, dispuestas de lado a lado de la vía, con gran cantidad de orificios que van en la misma orientación de una llanta de bici y que no son más que una mina quiebrapata para los distraídos. Hablo del peligro que tiene movilizarse en bici y que la llanta de una plegable, una bici de ruta, o una híbrida, quede atorada en una de estas alcantarillas y ocurra un accidente por el capricho de quienes hacen de esta ciudad una ciudad nada amigable con la bicicleta. O, incluso, de ganarse una pinchada doble, si es que salió ileso de pasar por ahí.






Uno puede, como ciclista, parar, pasar caminando, y volverse a subir pero, ¿de eso se trata? ¿Qué pasa si mientras uno pasa el distraído es el carro/moto/metrolínea de atrás? ¿Qué pasa si quien pedalea no conoce la ciudad y cae en esa trampa? ¿Quién responde? Ah, pues nadie, porque en Bucaramanga no hay ciclorrutas, no hay infraestructura cicloinclusiva, no hay biciparqueaderos públicos, no hay garantías, no hay política pública, no hay voluntad política, no hay seguridad vial y sí hay alcantarillas suicidas, señalización de prohibido circular en bicicleta y un montón de enemigos públicos de la bici.

Esto es un asunto de infraestructura cicloinclusiva. Y es que las vías no son exclusivas de los carros.

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