jueves, 21 de julio de 2016

PERÚ EN BICI, EL VALOR DE LO SAGRADO

Perú es el país donde he estado más tiempo. Casi tres meses, desde que entré por primera vez, en las rutas de El Sur Bici-ble: el 23 de marzo, y salí el 7 de junio. Fue de ires y venires, en compañía de Juan (cicloviajero español) en casi todo el recorrido, y de encuentros naturales asombrosos.

Foto: Tumbes. El Sur Bici-ble 2016.

Aunque ya había visitado dos veces este país y acá viven amigos que llevo en el corazón, la primera impresión fue devastadora: llegué a un lugar muy parecido a India: caos vehicular e invasión desmesurada de los mototaxis. Primera parada: Tumbes. Segunda parada: Lima. Ambas ciudades sumidas en un tránsito vehicular desastroso; un infierno para cualquier ciclista.

Foto: Miraflores, Lima. El Sur Bici-ble, 2016

Entrar por Tumbes, costera e inmersa en un calor infernal, y no por la Sierra, por donde venía, fue una decisión de logística, mas no un deseo personal. Me habían aceptado como ponente en el V Foro Mundial de la Bici (31 de marzo – 5 de abril), en Santiago de Chile, y tenía tiquetes para volar Lima – Santiago.  Por supuesto, en menos de 7 días debía llegar a Lima y en bici era imposible, así que Juan y yo nos subimos a un bus y llegamos a Lima.  Y luego, a Santiago de Chile. Era como un paréntesis del viaje, para seguir viajando.


PODER CIUDADANO, ENERGÍA HUMANA

En Santiago de Chile participé en el Panel “Poder ciudadano” del 5 Foro Mundial de la Bicicleta, acompañada en el escenario por otras chicas de Colombia y Chile. Mi intervención fue corta y precisa sobre el proceso de Mujeres Bici-blesLatinoamérica y el proyecto de viaje en bici, El Sur Bici-ble, para ampliar la red de colectivas en países de Sudamérica. Un viaje y una experiencia de activismo de la bici que me permiten ir construyendo un discurso con perspectiva de género y que, seguramente, afianzará más mis estudios sobre ciclismo. Pedaleando y en mi defensa de la bici, poco a poco, encuentro la voz de lo que quiero decir sobre las mujeres y la bicicleta.

Foto: Santiago de Chile. El Sur Bici-ble, 2016.

En el foro conocí a otros viajeros: Iria y Gonzalo, de una vida nómada, amorosos de la bici y amigos de ruta. También a Pablo Castellanos, de Fotociclista por Sudamérica, viajero argentino, quien tuvo a su cargo coordinar el grupo de biciviajeros que llegaban al foro.  A ellos, sueño encontrarlos de nuevo, en alguna ruta. Conocí también otro grupo de biciviajeros colombianos y chicos de Argentina, de Perú y de México.

Foto: Masa Crítica en el FMB5. Santiago de Chile. El Sur Bici-ble, 2016

Cerca de Iria, era el momento de compartir con otra chica viajera. No viajamos juntas, pero sí compartimos sobre nuestras experiencias en algunas de las actividades del Foro. Es extraño, pero ese mismo conteo superficial que hice en mi ciudad, 4 años atrás, para darme cuenta que somos menos mujeres en la vía usando la bici como transporte, es la misma certeza que tengo al encontrar mas hombres pedaleando, algunas chicas viajando en bici con sus parejas, pero rara vez mujeres solas. Algo pasa para que sean más hombres, que mujeres, viajando en bici. No menciono esto con el objetivo de despertar polémicas sexistas, ni menos despreciar el poder que tenemos las mujeres para transformar nuestra realidad. ¿Cómo hacer también para que seamos mas mujeres viajeras en bicicleta?

 Foto: Pablo Castellanos, cicloviajero argentino. Santiago de Chile. El Sur Bici-ble, 2016

Foto: Iria Prendes, cicloviajera española. Santiago de Chile. El Sur Bici-ble, 2016.


DE VUELTA A LIMA: MUJERES BICI-BLES LIMA

Y volvimos a Lima. Otra vez el caos vehicular, aunque la temperatura bajó drásticamente y, ahora, la ciudad estaba un poco fría. Pasamos algunos días ahí. Y, en esta segunda visita, concretamos con Specialized Perú la creación de Mujeres Bici-bles Lima. En el siguiente link un video de la salida: https://vimeo.com/162087283.

Juan y yo sabíamos que de Tumbes a Lima hay algo más de mil kilómetros. Eran mil kilómetros que no pedaleamos. Mil kilómetros de paisajes que perdimos. Aunque la mayoría de esos kilómetros era por el desierto, eran mil kilómetros que le quitábamos a la ruta. Entonces, luego de más de 15 días de paréntesis en nuestros viajes, decidimos emprender de nuevo un viaje al norte de Perú y, desde ahí, retomar las rutas y empezar –ahora-sí- nuestro viaje por Perú.

Viajamos a Cajamarca. Y de ahí a Cajabamba, Huamachuco (Markahuamachuco), Cachicadán, Trujillo, Caraz, Cañon del Pato, Huallanca, Yungay (Chavín de Huanta), Huaraz, Arequipa, Cusco, Ollantaytambo, Aguascalientes (Machu Picchu), Sicuani, Pomata, Puno (Isla de los Uros, Cementerio de ), Yunguyo. Y en Cusco, Juan y yo, nos dijimos adiós.

Captura de pantalla. Ruta Perú. El Sur Bici-ble, 2016

Cuando pensé en mi ruta por Perú, contemplé mi obligatoria visita a Machu Picchu y creí que allí iba a perder todo el aliento. Y sí es maravilloso, sin duda alguna. Sin embargo, el lugar más fantástico que tiene este país es la Cordillera Blanca: las lagunas de colores celestes profundos y turquesa (las Lagunas Parón, Llanganuco y 69), la imponencia del Huascarán y toda la cadena de Nevados por toda la cordillera. Machu Picchu es un lugar sagrado, hermoso; pero la Cordillera Blanca es un paraíso divino en la Tierra. Y, para terminar con broche de oro: Las Islas de los Uros. El gran Titikaka que acompañó mi camino para salir de Perú y entrar a Bolivia.


LA CORDILLERA BLANCA Y LA LAGUNA 69: UN PEDACITO DE PARAÍSO EN LOS ANDES

Desde Huaraz, una pequeña ciudad turística en reconstrucción después del fuerte sismo de 1970, el cual acabó con toda su arquitectura colonial, se puede ir a visitar buena parte de la Cordillera Blanca y el Parque Nacional Huascarán, incluyendo la Laguna 69. En 1985, el Parque Nacional Huascarán fue catalogado como Reserva de la Biosfera por la UNESCO y Patrimonio Natural de la Humanidad.

Foto: Nevado Huascarán. Cordillera Blanca. El Sur Bici-ble, 2016.

Aunque el 69 sea un número sugestivo, fue precisamente a esta increíble laguna, de las 300 que conforman las geografías de la Cordillera Blanca, a la cual le correspondió este número.  Por eso su nombre.

Foto: Árbol de queñual. Parque Nacional Huascarán. El Sur Bici-ble, 2016

Para llegar a la Laguna 69 hay que hacer un trek muy exigente. Sin embargo, durante el camino para llegar al sitio donde inicia la caminata, la furgoneta pasa también por montañas rocosas gigantes, donde también tenemos vistas impresionantes del Huascarán, y una visita muy pequeña a la laguna Chinancocha. En costos, es más recomendable ir directamente a la terminal en Yungay y negociar con el conductor. Nosotros, cada uno, pagó 30 soles mas 10 soles de la entrada al Parque Nacional Huascarán.

Foto: Camino a la Laguna 69. El Sur Bici-ble, 2016.

El recorrido inicia en un pequeño descenso por árboles de queñual, acompañados por un río que lleva a una de las cascadas que nace de los glaciares de la Cordillera Blanca. Son casi 660 glaciaces los que conforman la Cordillera. Llegamos luego a un lugar de camping llamado Cebolla Pampa y, desde ahí, empieza el primer ascenso.

Foto: Camino a la Laguna 69. El Sur Bici-ble, 2016.

La ruta para trek zigzaguea mientras va aumentando la altura de la montaña y también vamos conquistando mejores vistas de los nevados. Ya en la cima, llegamos a una laguna negra, en otra planicie que da un respiro para el segundo ascenso, el más salvaje de los dos. En esta subida muchos renuncian a llegar, porque es realmente exigente. Si no se tienen buenos pulmones o si la persona es sedentaria, el camino se hace más duro. Y la altura no ayuda (cerca de los 4.600 msnm). Debo confesar que en algún momento mi ritmo cardiaco me hizo dudar de si llegaría al encuentro con la Laguna 69. Pero continué. Entonces, controlé mas mi respiración y mantuve el mismo ritmo en mis pasos. Hasta que llegué, después de 2 horas y media de camino.

Foto: Primer encuentro con la Laguna 69. El Sur Bici-ble, 2016.

Primero se ve un triangulito turquesa rodeado de piedras. Y ese color domina todo el paisaje, donde predomina el gris y blanco de los nevados. El corazón se acelera, no por la altura -o-quizás-sí-, sino porque se ve realmente hermoso y todo ese esfuerzo físico es recompensando. Unas lágrimas para celebrar el encuentro. Avanzo otro poquito, y ahí está, en todo su esplendor, la laguna más hermosa que he visto en mi vida. Hay turistas comiendo, otros recuperando el aliento; gente sentada en las rocas, otros dándose un chapuzón. Yo solo quise contemplar. De pie en una roca, observé para no olvidar: los nevados alrededor, la tímida cascada, y ese profundo azul turquesa. La laguna azul…

Foto: Laguna 69. El Sur Bici-ble, 2016.


ALTURAS DE MACHU PICCHU, MAS CERCA DEL SOL

Dos veces había pisado Perú y, ninguna de aquellas veces, visité Machu Picchu. En estas rutas era imperdonable no pisar una de las siete maravillas del mundo moderno, Patrimonio de la Humanidad, aunque ya me habían advertido que no se podía ir en bicicleta o, por lo menos, no “legalmente”.

Foto: Plaza de Armas - Cusco. El Sur Bici-ble 2016.

 En Cusco compramos las entradas para visitar el Parque Nacional de Machu Picchu. Para quienes pertenecemos a la Comunidad Andina, la entrada al Parque Nacional es más económica: 44 dólares. Para europeos, la tarifa es plena, es decir, 67 dólares. Jamás he subido a un tren, excepto aquellos trencitos de los parques de diversiones de la infancia, incluyendo la Oruga, así que le dije a Juan que revisáramos las tarifas del Tren. Una locura. El precio excede diez veces el coste de entrada al Parque. No había manera de pagar la ida en tren. Así que plan “B”, es decir, el plan B-arato.


 Foto: Entrada a Machu Picchu - Cusco. El Sur Bici-ble, 2016.

Llegamos en furgoneta a la entrada de la Hidroeléctrica y, justo ahí, empezó el trek de 3 días. Primero, hay que seguir el camino por la vía del tren. Es un camino plano, de piedra y, de lado y lado, paisajes. De vez en cuando, pasa el Tren, y es lindo verlo pasar, aunque no pasa lleno. Más o menos son 2 horas de camino hasta llegar a un mariposario que queda a la entrada del pueblo de Machu Picchu, Aguascalientes.

Foto: Vías del Tren. El Sur Bici-ble, 2016.

Aguascalientes es un pueblo lleno de hostales y hoteles. Parece un pueblo construido para turistas, con un toque suizo –pero-en-Los-Andes. Caminamos un poco por el pueblo, hasta encontrar un hostal por 30 soles la noche. Ducha, cena y a dormir. Como compramos el primer turno para subir la montaña de Machu Picchu, la advertencia fue llegar muy temprano, para empezar a subir. Y así lo hicimos.
Foto: Aguascalientes. El Sur Bici-ble, 2016.

A la mañana siguiente, Juan y yo nos levantamos muy temprano y, acompañados de algo de comida, una luz frontal y los perros madrugadores, salimos a las 4 y 30 am. Un poco antes de las 5 am ya estábamos en la primera reja de entrada. Para llegar a la entrada oficial del Parque, había que subir la primera montaña. Las opciones son dos: subir en bus o subir a pie. Por ser el plan “B”, subimos caminando, por el camino para caminantes.

Foto: Aguascalientes de madrugada. El Sur Bici-ble, 2016.

Muchas escaleras hasta llegar a la entrada. A las 6 y 30 am estaba en la entrada del Parque Nacional de Machu Picchu. Justo a tiempo para empezar a subir la montaña Machu Pichhu a las 7 am. Y entramos. Lo primero que se ve son algunas casas y luego la ciudadela completa de lo que, antaño, fue el hogar de los Incas. Sin tantos turistas, con el corazón en la mano y muy emocionada por cumplir uno de mis sueños, empecé a tomar algunas fotos, esas que se repiten diariamente y a toda hora: una selfie sonriente con la montaña Huayna Picchu y la ciudadela de fondo (por supuesto, acá comparto otra foto).

Foto: Machu Picchu y Huayna Picchu. El Sur Bici-ble, 2016.

Una exploración de media hora al lugar y, a las 7 am, el registro oficial, antes de empezar el segundo ascenso, con las piernas un poco ya cansadas, pero el espíritu muy dispuesto. Y para arriba. Llegar a la cima de la montaña de Machu Picchu me tomó algo más de una hora de ascenso por las también miles de escaleras, sorteando de-cuando-en-cuando el vértigo que da mirar para abajo, gracias a mi miedo a las alturas. Sin embargo, en la Cumbre, la vista se hace más que maravillosa. No solo es la ciudadela de Machu Picchu y la montaña Huayna Picchu, sino la cadena montañosa que emerge de nuestro planeta con todo su poder de vegetación y tierra.

Foto: Cumbre de la montaña Machu Picchu. El Sur Bici-ble, 2016.

Ver el amanecer en Machu Picchu mientras subo por su montaña. ¿Acaso hay momentos más exóticos que esto? Claro que los hay, pero ese era mi momento con el sol, con las montañas, con lo sagrado, conmigo. Sabía que quería dedicar ese esfuerzo físico y emocional a tantas personas y aunque pensaba en varios momentos de mi vida anterior y le susurré varios nombres al vacío, solo estábamos la montaña, el sol naciente y yo, a 3082 msnm.

Foto: Amanecer en Machu Picchu. El Sur Bici-ble, 2016.

Descender es quizás la parte más difícil: de frente con algunos abismos, bajando escaleras sin barandas; por supuesto, es la montaña, haciendo terapia para el miedo a las alturas. El dolor se intensifica en las piernas cuando viene la bajada. Sabía que iba a perder algunas uñas, porque me dolían mucho. Sabía que mis músculos generaban el ácido láctico que me mantendría inmóvil al siguiente día y con algo de dolor los días siguientes. Lo cierto es que algo de mi se desprendió ese día, mientras subía y bajaba de esas montañas. Algo nuevo emergió como la cadena montañosa de Los Andes. Era yo, otra vez, después de Machu Picchu.

Foto: Montaña Machu Picchu. El Sur Bici-ble, 2016.


EN LA CONTEMPLACIÓN: ISLAS FLOTANTES DE LOS UROS

Salí de Cusco pedaleando rumbo a Puno. En la ruta, de nuevo, Arielita y yo. Creí que volver a pedalear sola después de la compañía de Juan iba a ser algo difícil. Sin embargo, me sentía feliz. No estaba incómoda con mi soledad. Me sentía plena conmigo. Y descubrir esa sensación fue muy importante: la paz que trae la soledad. Pedalear con Juan fue lindo, compartimos momentos inolvidables, difíciles para él o para mí y aprendí con él a viajar en compañía.

Foto: Islas Flotantes de los Uros. El Sur Bici-ble, 2016.

Desde Puno se puede ir a las Islas Flotantes de los Uros. Contacté con una agencia de turismo y organicé mi visita a las Islas y al cementerio de Sillustani. Para ir a los Uros, se debe tomar una lancha que nos lleva a visitar algunas de las Islas y también, desde allí, es posible viajar unos minutos en botes de totora. Cambié mi caballito de acero, unos minutos, por caballitos de totora.

Foto: Caballito de totora para turistas. El Sur Bici-ble, 2016.

Las islas están construidas también en totora, que los mismos habitantes van tejiendo y allí mismo construyen sus casas. Lo interesante de ir en tour es que el guía permite un acercamiento más eficaz con los habitantes y son ellos quienes les explican a los turistas cómo construyen las islas, sus casas y los barquitos de totora. Por supuesto, hacen del turismo su forma de sustento. Sin embargo, creo que el mayor atractivo es justamente la inmensidad y gran azul del Lago Titikaka, el lago más alto del mundo.

Foto: El suelo de Uros. El Sur Bici-ble, 2016.


Recordé mis pocos días en Nuquí, en el pacífico colombiano, esperando a las ballenas, contemplando el mar.

Foto: Lago Titikaka (saliendo de Perú). El Sur Bici-ble, 2016.

+ Fotos de Perú aquí...

lunes, 18 de julio de 2016

TODO LO QUE SIEMPRE QUISISTE SABER SOBRE UN VIAJE EN BICICLETA Y NO TE ATREVISTE A PREGUNTAR - PARTE I

Viajar en bicicleta parece una decisión de valentía y no ocurre con frecuencia. Si bien quienes usamos la bici, en algún momento de nuestro pedaleo, pensamos en la posibilidad de viajar en una, dejarlo todo para iniciar el kilómetro cero, no es “enter” fácil de dar, sobre todo porque no tenemos claridad.

Foto: Copacabana. El Sur Bici-ble, 2016.

Antes de iniciar el viaje, estaba llena de preguntas: ¿cómo hacer sustentable mi viaje? ¿cuántos kilómetros al día pedalear? ¿cómo sobrevivir a un viaje en bicicleta? ¿y si me deshidrato? ¿qué debo comer? Para resolver estas dudas, que son el día a día de cada biciviajero y biciviajera, lo haré desde mi experiencia con El SurBici-ble.

Foto: Huari. El Sur Bici-ble, 2016.

Cinco meses de viaje no son pocos para reconocer los errores y buenas decisiones. Esta es mi lista de aciertos y desaciertos…

¡MENOS MAL LO HICE!

-       Definitivamente, en cuanto a los trayectos, vale la pena que antes del kilómetro cero, cada viajero /a, tenga una idea o al menos una tentativa de la ruta, con esto, puede elegir mejor el equipo de viaje y saber las tipografías y altimetrías que le esperan. En diciembre, un mes antes de salir, cuadré mi ruta con Andrés Campaña, un biciviajero ecuatoriano quien recorrió todo Sudamérica en su bici durante dos años y medio, en su proyecto de viaje, Ruta y Pedal. Un acierto porque, si bien ha variado un poco esa ruta, en un 90% se mantiene y sé para donde voy. Aunque también hay biciviajeros que solo compran su equipo, ajustan su bici y salen.

Imagen de google maps. El Sur Bici-ble, 2016.

-       No es la primera vez que a alguien se le ocurre viajar en bicicleta. Por tanto, también fue parte de la organización de El Sur Bici-ble, buscar información en redes, páginas web y contactarme con biciviajeros y biciviajeras de toda clase. A mí me sirvió, en este tema, dos cosas: la primera, fui anfitriona durante tres años, por la red Warmshowers, www.warmshowers.com, de biciviajeros solos o en parejas, con quienes tuve conversaciones sobre sus formas de supervivencia. Segundo, gracias a las bondades de las redes sociales, conversé con viajeros en bici de vasta experiencia quienes me dieron luces sobre la elección adecuada del equipo, las rutas, dónde acampar, etc.

Captura de pantalla. El Sur Bici-ble, 2016.

-       En cuanto a los recursos, considero importante salir con un presupuesto base. Además del gasto básico en alimentación, hidratación y productos personales, he tenido que comprar parte del equipo durante mi viaje, pagar algunos hostels, comprar chips de servicio de celular en cada país para manejar datos y tener cómo comunicarme con amigos y contactos durante mi estadía en cada país. Aunque hay biciviajeros muy osados, que salen con muy poco dinero en el bolsillo y así conocen medio mundo, también los hay más sensatos, y tienen organizado su presupuesto diario. Yo me debato en ambos bandos. Si bien salí con un capital base, ahora tengo que buscar las maneras de hacer sustentable este proyecto. Para ello, uso las fotografías que tomo durante mis trayectos y vendo postales en mi camino, o durante las charlas que doy, desde el proyecto de Mujeres Bici-bles Latinoamérica. También recibo donaciones voluntarias o apoyo de patrocinadores.

Foto: La paz. El Sur Bici-ble, 2016.


¿POR QUÉ NO LO PENSÉ?

-       La mayor dificultad que he tenido en esta experiencia de ciclismo como biciviajera es la determinación del kilometraje diario. En promedio se pueden hacer de 60 a 100 kms diarios, dependiendo de la tipografía. Sin embargo, suelo pedalear hasta las 4 pm y, desde ese momento, empezar a buscar dónde pasar la noche. No es muy sensato ir así, porque varias veces me he visto en la obligación de avanzar y llegar de noche a algún lugar, porque a las 4 pm estoy en medio de la nada y no se ve muy seguro quedarme ahí. Creo que es mejor planear, ir revisando mapas, medir distancias del siguiente punto y, si conviene, parar mas temprano, pero no exponerse a pedalear de noche.

Foto: El Salar de los Lipez. El Sur Bici-ble, 2016.

-       Sobre el equipo y su peso, en tres ocasiones he ido dejando peso extra en diferentes lugares. Dice un amigo biciviajero que si llevas algo por más de tres días y no lo usas, debes deshacerte de ese objeto. Me parece que tres días no es suficiente. Pero si lo llevas por un mes y no lo usas, ¡sácalo ya! ¿Qué cosas he tenido que dejar? Empecé dejando algo de ropa extra que no usaba; además, por extraño que parezca, la gente te va regalando ropa, así que no necesitas llevar tanta. También tuve que dejar el trípode de la cámara (error, creo que sí era útil, pero tampoco es indispensable) y uno de los candados para la bici (con uno es suficiente). Lo interesante es que el mismo viaje se ocupará de liberarte de lo que no usas. A más cosas, más peso, y para alguien que lleva su casa en una bici, no es tan buena idea.

Foto: Salar de los Lipez. El Sur Bici-ble, 2016.


-       ¿Mapas físicos o google maps? Google maps es una herramienta muy buena para revisar rutas. Pero tiene un problema: necesita conexión wi-fi o datos móviles para las búsquedas. Sin embargo, la app Maps.me es una aplicación muy completa que funciona con gps –pero no necesita conexión a internet-. Al principio del viaje, como ya tenía mi ruta tentativa, lo que hacía era ir pedaleando y preguntando. La verdad es que, aunque funciona porque permite interactuar, varias veces sentí que no tenía ni idea por dónde iba, ni cuánto faltaba para llegar al siguiente punto. Luego empecé a usar google maps, y a entender cómo funciona esto de los mapas. Ahora, dependiendo de las circunstancias, uso cualquier app. No he llevado mapas en físico en ningún recorrido del viaje, aunque conozco viajeros que los usan y, en cambio, descartan ayudas digitales.



-   Un desacierto es comprar comida para consumos de una semana. A veces, por las condiciones climáticas, especialmente en climas cálidos, los alimentos orgánicos se descomponen en cuestión de horas y hace que esto sea una mala inversión. Es mejor ir comprando consumos diarios o de máximo dos días. Además, es una manera de aliviar peso en el equipo. Lo mismo con el agua: máximo cargar dos litros, aunque también depende de las condiciones del momento. Estos temas de alimentación e hidratación los abordaré en la segunda parte de este artículo, en una próxima publicación.

Foto: Las cholas, La Paz. El Sur Bici-ble, 2016.

Texto publicado revista My Bike - Colombia.