domingo, 14 de agosto de 2016

MIENTRAS PEDALEO: SEIS MESES DE #ELSURBICIBLE

30 de enero - 30 de julio. En el principio del viaje y durante varios meses, mi mente no dejaba de pensar y, sobretodo, criticar todas aquellas decisiones anteriores a los días que ahora invierto en conocer y pedalear, este movimiento interno-externo-adentro-afuera en el que se ha convertido mi nueva vida. Durante esos meses tuve y tengo intensas conversaciones con aquellos fantasmas. Solo mi mente y mi corazón saben de aquellas disputas con las mujeres que fui y soy y de cómo he lidiado con la polifonía de esos otros seres que pasaron por mi vida y también me habitaron. Es el pasado o mejor decirlo en el tiempo verbal que merece: fue el pasado y, aunque sigo siendo Andrea María, voy cortando los hilos que me conectaron a otras, a otros, mientras pedaleo.

Viajar en bici es el presente y es, ante todo, el ejercicio diario y constante de dejar atrás. Primero me deshice del conjunto de objetos que acumulaba en eso que fue mi nido de emancipación. Luego, renunciar a la posibilidad de uno o dos contratos extendidos a 4 o 6 meses y a una falsa idea de seguridad impuesta. Dejé una práctica social y laboral que me hacía visible-odiada-apreciada-tomada/en/cuenta-ignorada. Y, ya de viaje, también renuncié a una idea de amor romántico que me llevó durante meses a pensar en el olor de su barba. Uds lo saben, porque insistí en ello. Él también lo sabe, aunque ese olor se convierta, poco a poco, en espacio vacío. Fui dejando. Voy cortando. Decirlo aquí-y-ahora también es una forma de renuncia, mientras pedaleo.

Próxima a cumplir 34 años, sin intención de sopesar las ventajas e inconvenientes de mi edad, hace menos de nada, comencé a sentir lo que es vivir por y para el momento: experimento nuevas sensaciones que no recuerdo si alguna vez viví; me dejo sorprender por las cuestiones simples y "elementales" de la vida y, desde luego, siento una vez más el placer de estar viva. Despierto cada día con el proyecto de encontrar-encontrarme. Una vida en constante descubrimiento. Estoy viva. Vivo en la austeridad y en la abundancia universal. La bici es mi casa. Cada persona, mi familia. La familia que, por decisión y convicción, construyo, mientras pedaleo.

He sido feliz, más feliz de lo que he sido en toda mi vida. Y, aunque se lee exagerado y novelesco, he sido feliz. Lo escribo desde la intensa percepción de la libertad personal. Dejé para seguir esa conquista. No sé hasta dónde y hasta cuándo, este proyecto de viaje llamado El Sur Bici-ble me ofrezca tal certeza, pero lo que sí es seguro es que durante estos 6 meses, el suelo bajo las llantas de Arielita, lleva la huella de quien soy, mientras pedaleo... El Sur Bici-ble

Foto de Adrien Galparoli. Ruta Nacional 34. Norte de Argentina. El Sur Bici-ble, 2016.

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