martes, 20 de septiembre de 2016

TODO LO QUE SIEMPRE QUISISTE SABER SOBRE UN VIAJE EN BICICLETA Y NO TE ATREVISTE A PREGUNTAR - PARTE II

Hace unas semanas compartí algunos aciertos y desaciertos previos al kilómetro cero de El Sur Bici-ble y durante estos meses de viaje. Sin embargo, hay dos temas de atención e importancia para sobrevivir en un viaje en bicicleta: la alimentación y la hidratación. Recordemos que el motor de nuestra bici somos los y las ciclistas y, el combustible, lo que comemos y bebemos, para poder mover la “máquina”.

Foto de Adrien Galparoli. Norte de Argentina. El Sur Bici-ble, 2016.

¿QUÉ COMER DURANTE UN VIAJE EN BICICLETA?

Aunque la alimentación depende de diversos factores como las inclinaciones de cada biciviajero y biciviajera (veganos, vegetarianos, carnívoros, etc.), los pesos corporales, las condiciones de salud de cada ciclista, la tipografía a recorrer, los esfuerzos diarios, las condiciones climáticas, la facilidad para conseguir ciertos alimentos y hasta el presupuesto que tenemos para comprar nuestra comida, el ciclismo es un ejercicio muscular con un alto gasto energético (aprox. de 350 a 400 calorías por hora) que toma la energía de lo que comemos: los carbohidratos, las grasas y las proteínas.


Foto: Cereales y papas de Perú. Puno. El Sur Bici-ble, 2016.

Además, al principio compraba alimentos para una semana y luego simplemente empecé a comprar para consumo máximo de dos días. Esto depende, por ejemplo, de las condiciones climáticas o la facilidad para conseguir ciertos alimentos. Hay que tener en cuenta que, especialmente, los productos orgánicos pueden descomponerse más rápido que los demás. Y de paso, al llevar menos comida, llevas menos peso.

Aquí comparto mis preferencias:

LA PRIMERA COMIDA, EL DESAYUNO

Lo primero que hago es, todos los días, buscar frutas: las bananas son mis favoritas, aunque a veces también compro manzanas o uvas verdes, pero depende de lo que encuentre en el mercado. Por fortuna, en Sudamérica, hay variedad de frutas y son económicas. Pues bien, lo primero que como, al despertar, es una fruta. Mientras como la fruta, voy alistando mi cocina portátil, caliento el agua para preparar café (como buena colombiana, no puede faltar una dosis de cafeína al día) y abro el pan, para ponerle queso o mantequilla o mermelada o mantequilla de maní. Algunas veces preparo un huevo batido con queso, sobre todo cuando estoy quieta por algunos días en algún lugar y sé que no voy a estropear los huevos con el movimiento.  Sin embargo, para no aburrirme con un solo menú, también puedo varío con granola y yogurt, que resulta muy rico y también barato.

¿QUÉ VAMOS A ALMORZAR HOY?

Generalmente la hora del almuerzo me sorprende en ruta. Algunas veces prefiero sentarme en algún restaurante del camino, generalmente tienen precios accesibles y de menú amplio: arroz o plátano, proteína animal, la famosa “menestra”, que comprende fríjol, garbanzo, lenteja o alverja, sopa, ensalada y jugo. Sin embargo, otras veces, llevo algún enlatado: fríjoles o garbanzos, pero que no me complique tanto y, a veces, armar la cocina durante el viaje es desgastante. Al final, si lo hay, puedo comerme un pedazo de chocolate o una galleta rellena, a manera de postre.

DESPUÉS DE UNA INTENSA JORNADA, LA CENA

Al final del día, después de todo el intenso pedaleo, la cena se convierte en la comida que va a equilibrar todo ese gasto energético. Aunque también se puede consumir en un restaurante, cuando no hay alguno o no alcanza lo que llevamos en el bolsillo, suelo preparar pasta con atún, o pan con atún o aguacate (también llamado palta, en algunos países de Sudamérica). Algunas veces, en cambio, me siento inapetente y prefiero preparar un par de sanduches de queso con mantequilla (prefiero no consumir embutidos ni carnes rojas).

Entre comidas, consumo especialmente frutos secos: maní, almendras, granola, semillas de girasol, entre otros.

¿CÓMO HIDRATARSE EN LA RUTA?

Foto por Juan Angulo. Valle de las Ánimas. Bolivia. El Sur Bici-ble, 2016

El agua es el principal componente del cuerpo humano, aproximadamente ocupa un 65%. En la bici, es muy fácil deshidratarse por la pérdida de sales al sudar, o al orinar o defecar y esto puede desencadenar serios problemas de salud. Lo recomendable es tomar sorbos de agua cada 15 o 20 minutos, y no esperar a sentir sed para beber. Sentir sed es, precisamente, un efecto de la deshidratación. Mi elección es llevar máximo 2 litros de agua (2 kilos mas de peso) y tomar toda el agua que pueda. Además, por consejo de un amigo biciviajero, a las comidas es mejor añadir un poco mas de sal, para adquirirla de manera natural.

Ahora, sobre el acceso al agua, en Sudamérica, en la mayoría de las ciudades, el agua del acueducto no es potable. Por tanto, hay que hervir o comprar agua embotellada (lo que tampoco es tan buena idea, por el impacto ambiental tan negativo que tiene desechar plástico). En varias ocasiones me he enfermado de la panza por consumir agua contaminada.

Entonces, sobre esto, es mejor preparar el cuerpo para las aguas no procesadas. ¿Cómo? Al agua tomada del grifo se le añade una pizca de bicarbonato de sodio, sal y miel. Esto es un suero natural que ayudará a que el cuerpo se adapte a todo tipo de agua.

Si bien en el metabolismo influyen la alimentación y la hidratación, también hay que tener en cuenta las horas de sueño y descanso. Dormir bien, por lo menos 7 horas, y saber escuchar al cuerpo, harán que la experiencia de ciclo-turismo sea más satisfactoria.

Foto: Camping Sur de Bolivia. El Sur Bici-ble, 2016.

viernes, 9 de septiembre de 2016

BIKE, BLOODY BIKE

"La sincronicidad entre el ciclo femenino y el de la luna también revelaba la conexión entra la mujer y lo divino: durante su ciclo la mujer albergaba el misterio de la vida dentro de su cuerpo y podía generar vida y asegurar el futuro de su pueblo, lo que equivale a decir que cada mujer poseía los poderes propios del universo: dar la vida, sustentar y crear".


MIRANDA GRAY. Luna Roja, pág. 56.


En estos meses de viaje con El Sur Bici-ble he compartido con cientos de mujeres en diferentes pueblos, ciudades y países. Madres, hijas, hermanas, viudas, esposas, novias, mujeres solas o acompañadas, amigas, sobrinas, niñas, adultas, jóvenes, lesbianas, heterosexuales, bisexuales, feministas, no feministas… Larga la lista. He aprendido de sus vidas, sus luchas, sus grietas, sus defensas, sus sueños y sus conquistas. Escuchar y conectarnos entre mujeres es quizás un gesto propio de la sororidad, palabra clave cuando se trata de juntarnos y apoyarnos las unas a las otras. Conocerlas también-para-conocerme, saber sobre sus dudas a la hora de subirse a una bici, o de viajar en una, o las razones por las cuales una chica nunca ha pedaleado, me permite profundizar en la relación que tenemos con la bicicleta y la manera como hemos conquistando nuestro cuerpo y el territorio, subidas en una.

Percepciones de inseguridad, experiencias de acoso callejero, temor de “marcar” el cuerpo con heridas y cicatrices, prejuicios sociales como creer que sudar es “ensuciarse” o que usar el casco “despeina”, miedos propios e infundados, traumas de accidentes en la infancia, abstención, son solo pocas de las razones para no usar la bici. Y hay otra razón: la menstruación, que socialmente sigue siendo un tabú, un tema con restricciones sociales, oculto, de amplio desconocimiento y muchos prejuicios.

En las intervenciones que organizo con colectivos pro-bici y tiendas de Specialized por donde hemos pasado Arielita y yo, siempre surge la pregunta: Andrea, y ¿cómo haces cuando te baja la regla? Fácil: vivo tranquilamente mis ciclos femeninos. En “esos días”, sangro, pedaleo, acampo, me alimento igual y uso la copa menstrual, en vez de toallas o tampones. Incluso, cuando he tenido compañeros de viaje, hablo con naturalidad sobre esto y no lo oculto, como si se tratara de un fenómeno que me convierte, por algunos días, en una “enferma”. ¿Cuántas veces no le escuché a las mujeres de mi casa, a algunos exnovios, referirse al periodo como “estar mala”? Muchas. Y no, no es malo menstruar. Ni es una enfermedad. Ni es sucio. Es un proceso natural propio de nuestra condición femenina, que es cíclica, que no compete solamente a los días de sangrado y que se conecta también con los ritmos naturales del universo.



Esta publicación no pretende ser un largo discurso sobre la menstruación. Hablar, leer y conocer al respecto responde a una iniciativa de cada mujer, con el objetivo de conocerse a sí misma y es, ante todo, una decisión personal. Literatura al respecto, hay suficiente. En mi caso, también he tenido que recorrer un largo camino para conocerla, aceptarla y amarla, camino que me ha llevado a conocerme, aceptarme y amarme. Así que solo enfatizaré en la experiencia de menstruar mientras viajo en bicicleta y, particularmente, en los beneficios del uso de la copa menstrual.

En el viaje, no ha sido un impedimento estar en “esos días”, y menos creo que debo quedarme quieta, o no bañarme, o bañarme tres veces al día, o no levantarme de la cama o de mi bolsa para dormir y que ojalá nadie me hable. No. Transcurre la vida con la misma naturalidad como baja la regla. Incluso, creo que el día que pedaleé 135,27 kms, de Amaicha a Cafayate al norte de Argentina, hace poco, estaba en mi segundo día de menstruación. Tampoco quiero decir que no pasa nada. Pasa y pasa bastante. Cada mujer sabe y reconoce qué se transforma, qué sueña, qué luna le corresponde, qué gana y, por qué no, qué pierde en “esos días”.



En los primeros dos meses, la regla llegó puntual. Pero, al tercer y cuarto mes, todo empezó a desajustarse. Mi ciclo menstrual se afectó, quizás, por mis angustias existenciales: ¿de dónde voy a sacar el dinero para seguir? ¿terminaré el viaje? ¡me siento sola! ¡extraño a mis gatas! ¡esto es difícil! ¡cuánta belleza en el mundo! ¡extraño el olor de su barba!, etc. Se demoraba en llegar, y eso me angustiaba aún mas. Sin embargo, empecé a creer que mi cuerpo también empezaba a acostumbrarse a una nueva rutina, la rutina del viaje, y confíe en esa sabiduría. Así, al quinto mes, el ciclo se reguló, con pequeños desajustes, algunas veces, de uno o dos días. Pero todo bajo control.

LA COPA MENSTRUAL, UNA ALTERNATIVA ECOLÓGICA Y ECONÓMICA

 Foto tomada por Nicolas Reyes-Amaya. Copa menstrual Maggacup. El Sur Bici-ble, 2016.

Al principio, fue difícil acostumbrarme a usar la copa menstrual, viajando en bicicleta. Hoy, para mi, como la bici, es también un instrumento de poder. La había usado siendo ciclista urbana, en unos minutos de trayecto, pero no en horas de pedaleo. Así que, como todo, toma tiempo acostumbrarse. Usarla también responde a un compromiso con la tierra: no genero basura y, al sembrar mi menstruación, también abono la tierra que me sostiene. –Andrea, has dicho, ¿sembrar la menstruación? Sí. Sembrando mi sangre agradezco a la tierra su alimento, su siembra y su cosecha, su abundancia y generosidad. Cuando siembro, entonces, decreto que también germine la energía creadora y sanadora dentro de mí. Es sangre de vida, no de guerra. Es un simple ritual de amor. Muy poderoso. Y la copa menstrual me permite recoger mi ofrenda.

Así, al usar la copa también evito desechar tanta basura. Las toallas higiénicas contaminan el planeta y, por su composición, son tóxicas para el cuerpo. Si hacemos cuentas, una mujer tiene entre 12 y 13 menstruaciones al año. De 4 o 6 días. Si usa toallas, desecha diariamente entre 3 y 5 toallas, o tampones. Eso multiplicado por 4, multiplicado por 12. Eso multiplicado por los años entre la menarca y antes de la menopausia. Eso multiplicado por el número de mujeres menstruantes en el mundo. A eso sumen bolsitas, empaques, aplicadores… materiales que tardan mas de 200 años en biodegradarse. Toneladas y toneladas de basura contaminante regados en el planeta. La copa menstrual se convierte entonces en un aliado de la naturaleza. Con una sola copa, una mujer puede recoger su sangre durante 5 a 10 años. A todas luces, resulta mejor.

Ahora, a todos esos números del párrafo anterior, sumen y multipliquen también el valor de cada cosa y, descubrirán, que el uso de la copa menstrual también beneficia el bolsillo, tal cual sucede con la bici, que no necesita inversiones en combustible, ni impuestos, y su mantenimiento es bastante económico. Entonces, ¿por qué no usarla?

UNIÓN DE FUERZAS FEMENINAS: MAGGACUP Y MUJERES BICI-BLES EN ARGENTINA

Como he mencionado a lo largo de esta publicación, una herramienta útil para los días de menstruación y pedaleo es la copa menstrual, conocida también como moon cup., o copa de luna. Y, Argentina, cuenta con su propia marca: Maggacup.

Con todo esto, fue como llegué a conversar con las chicas de Maggacup, con el fin de buscar alianzas entre nuestros proyectos. Maggacup es una copa menstrual reutilizable, 100% hipoalérgica y atóxica, de uso diario, cómoda y práctica, con un alto beneficio ecológico: para su fabricación no se talan ni bosques ni selvas nativas. Además, por cada Maggacup que se vende, la empresa social Cíclica, dona a la ONG Banco de Bosques un porcentaje equivalente a 1 m2 de selva nativa para conservar los bosques a perpetuidad. Y, contando además con el beneficio económico que, al ser la Maggacup reutilizable, se trata de una inversión cada 10 años, para su uso, y un ahorro de dinero importante.

Recibí una copa como donación para mi proyecto de viaje, me convertí en mensajera y embajadora de la marca y, para las chicas que se vinculen con cada grupo de Mujeres Bici-bles, en Argentina, cada una recibe un 15% de descuento en la compra de su copa menstrual Maggacup. Este convenio nos ayuda, a ellas y a mí, seguir ampliando el uso de dos objetos socialmente poderosos: la bicicleta como medio de transporte y la copa menstrual, como alternativa de autoconocimiento y salud.

¿Cómo usar una Maggacup? Es muy fácil. Se coloca en la vagina en los días de la menstruación para recolectar la sangre. Puede recolectar hasta 12 horas sin que su capacidad de recepción se vea desbordada. Y se vacía a diario, según la cantidad de flujo. Al finalizar el periodo, se esteriliza y se guarda en su bolsa, hasta el siguiente mes.



Maggacup y Mujeres Bici-bles, invitamos a todas las mujeres a vivir su menstruación de manera amorosa y saludable, en sintonía con la naturaleza y con los ritmos de sus lunas.