viernes, 20 de octubre de 2017

CICLISMO URBANO FEMINISTA O CICLISMO URBANO CON PERSPECTIVA DE GÉNERO

A los hombres, sus derechos y nada más; a las mujeres, sus derechos y nada menos.
Susan B. Anthony


Soy feminista. Y lo soy por una razón en particular: porque me muevo en bicicleta, y promover que otras mujeres también lo hagan es la idea de mi lucha social y ya sabemos que todas las luchas sociales empiezan con una idea. También soy feminista porque el feminismo tiene que ver con todo, y hay tantos feminismos como experiencias de mujeres hay en el mundo, con el mundo y, mi feminismo pedalea por las ciudades. Por eso soy feminista.

Y es que el feminismo es ver la vida y todo lo que sucede desde una clave de igualdad (o desigualdad) en función del sexo asignado desde que nacemos. Y, es el género[1], la perspectiva de género, la que pone en evidencia esa desigualdad entre hombres y mujeres[2], a través de los roles diferenciados: cómo nos movemos, quién es más fuerte, cómo usamos el espacio, quién tiene el poder, cómo nos comportamos... Y, moverse en bicicleta, no está exento de esos estereotipos en relación al género.

Ilustración: "Cycles perfecta", de Alfons Mucha

La movilidad en bicicleta es feminista cuando, al revisar la perspectiva de género, nos damos cuenta que no es neutra. Y no lo es porque el diseño de las vías por dónde circulamos en bicicleta, las mismas para la circulación vehicular motorizada (en el caso de muchas ciudades), se ha configurado a partir de las experiencias de tránsito de los hombres[3], de lo “masculino” y que, además, pone en riesgo y peligro las experiencias de movilidad de las mujeres[4]. Tampoco se tienen en cuenta otras variables como la edad, la identidad sexual, la clase social, la maternidad, la nacionalidad. Y, toda esa interseccionalidad y formas de vivir los espacios de manera diferente, influyen en las experiencias que tenemos al movilizarnos.

Si la cicloinfraestructura fuera feminista y, en general, el espacio público, entonces las necesidades tanto de hombres y mujeres se tomarían en cuenta para proporcionar el cuidado, la seguridad, la interacción y cooperación, como una comunidad que habita y se mueve por un espacio urbano, en igualdad y satisfacer las necesidades. Esto, sin duda alguna, se traduce también en empoderamiento y autonomía de la ciudadanía. Y es el feminismo el que nos permite analizar con claridad este fenómeno. Pero, sigamos hablando de bicicletas.

El ciclismo no parece una práctica concebida para las mujeres. No lo es por varias razones, algunas históricas, otras más actuales, pero igual de estereotipadas. Históricamente el lugar habitado por las mujeres fue (es) la casa, como madres, hijas, hermanas. Y la bicicleta, por su naturaleza de movimiento, es un objeto de la calle, pertenece al espacio público[5], es decir, donde más se evidencia la hegemonía del poder de los hombres para elegir, para decidir, para imponer su visión de mundo, sus necesidades y sus deseos.

Fotografía: Las ciclistas, de Hermann Landshoff. Nueva York, 1946.

Por supuesto, en relación a la movilidad urbana, todo esto va de la mano del carro privado, la forma de transporte más privilegiada desde los gobiernos, muy por encima de la promoción de la bicicleta como medio de transporte. Es como si los carros representaran a los hombres[6]: se les dio poder en las vías para sostener un sistema capitalista que también ha influenciado la organización del territorio y el diseño de las ciudades.

Movilizarse de esta manera, en estas condiciones, puede ser muy hostil[7] y aún mas para un vehículo tan vulnerable, como la bicicleta. Esa violencia es exhaustiva, injusta y desequilibrada. Y por esto también los feminismos: por el derecho a vivir el mundo en igualdad, sin violencias en la vía, no en sintonía de un mundo patriarcal, ni que nadie condicione nuestra movilidad.

Y la bicicleta, como vehículo, rompe de frente con esa hegemonía, aunque el diseño de cicloinfraestructuras tampoco sean neutras. Muchas veces las cicloinfraestructura se implementa sin estudios sociales de fondo, y, mucho menos, sin tener en cuenta roles sexo-genéricos. Sumado a esto,  como pasa también en muchos de nuestros territorios, son los hombres quienes están dando forma a la cultura de la bici en las ciudades, a su voluntad y experticia, sin contar con la participación de las mujeres ciclistas[8].

Ilustración: La bicicleta, de #TheLittleLabs

Desde el ciclismo urbano feminista y los análisis con enfoque diferencial por género, se pueden analizar las experiencias de ciclismo como un punto de referencia que ponemos en consideración en comunidad para repensar la cultura de la movilidad, transformar la realidad, aportar al desarrollo de políticas públicas, y, por supuesto, a animar que más mujeres se sumen a usar la bicicleta para movilizarse, por una vida urbana en clave de igualdad.


BONUS TRACK: POR UNA MOVILIDAD DESDE LA PERSPECTIVA FEMINISTA

Blanca Valdivia Gutiérrez, del colectivo Punt6[9] de Barcelona, sugiere tener en cuenta los siguientes aspectos, para una movilidad con perspectiva feminista:

· Ser una movilidad multimodal, que contempla peatones, bicicletas, transporte público y autos, en ese orden.
·   Privilegiar los recorridos peatonales para apoyar un tejido urbano funcionalmente diverso.
·   Contar con estaciones de transporte público adecuadamente equipadas para los peatones.
·   Que en recorridos extensos incluyan baños públicos.
·   Incluir carriles para bicicletas y espacios de guardado.
·   Brindar accesibilidad física integral.
· Incluir elementos básicos para recorridos accesibles, como lo pudieran ser bancos para sentarse.
·   Accesibilidad y rentabilidad económica del transporte público.
· Tener en cuenta la diversidad de necesidades, ritmos, cuerpos y estados de salud, tanto físicos como mentales.
· Una movilidad totalmente segura; que brinde autonomía y libertad para usa los espacios públicos con tranquilidad.


Ilustración tomada de https://hardknoxbikes.com




[1] Como categoría social.
[2] Hombres y mujeres cisgénero. Hombres y mujeres transgénero.
[3] El diseño de las vías responde a la necesidad de tránsito de los hombres: trayectos pendulares, donde se privilegian la velocidad y los largos desplazamientos, y no tiene en cuenta los desplazamientos poligonales, propios de las mujeres, quienes además de movilizarnos al trabajo o al estudio, también tenemos viajes a razón del cuidado de otros.
[4] No olvidemos que el miedo que genera circular en bicicleta por una calle no pacificada, moverse de noche, percibir la oscuridad en lo público, estar a merced de la cultura de la violación y la percepción de inseguridad que también limita los desplazamientos, todas estas situaciones de conflicto, no son otra cosa que armas del patriarcado.
[5] Por esto fue trasgresor cuando las mujeres empezaron a usar la bicicleta, desafiando las conductas sociales de finales del siglo XIX y los roles y vestuarios asignados por aquella sociedad. Recordemos que fue la bicicleta, precisamente, el primer vehículo que le permitió a las mujeres salir solas de sus barrios, sus comunidades. Solas o juntas, pero sin paternalismos. De frente, rompiendo con los paradigmas.
[6] Y es que en toda esa lógica, ¿no les parece una tremenda casualidad que sea un carro uno de los primeros juguetes que se le regala a un niño?
[7] Hoy muere más gente mientras se transporte, que en un conflicto político.
[8] Tampoco es casual, por ejemplo, que en el activismo de la bicicleta, se evidencien más los liderazgos masculinos, que los femeninos y que además, entre ellos, potencien sus liderazgos.

1 comentario:

  1. Excelente reflexión, me gustaría estar al tanto de tus post pero el link para suscribirse está roto.

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